martes, 22 de octubre de 2013

Una lectura sobre "El sentido de la indiferencia en Generación X (Cuentos para una cultura acelerada) de Douglas Couplan”


La indiferencia, definida por la RAE es el estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinado. Esta indiferencia es el producto aparente de un proceso por el cual la Generación X de Douglas Couplan ha atravesado.
        La novela de Couplan describe a un colectivo con el cual se identificaron millones de lectores, Generación X es una especie de manifiesto semántico- descriptivo, sobre personas entre los 25 y 30 y tantos, que sufren una especie de emigración o una especie de nihilismo generado por el capitalismo de finales del siglo XX, que junto con los mass media y el mercado promueven el consumo desmedido y ahí está el principal problema; el individuo se ve atrapado en su propio egocentrismo de época, como una especie de alcoholismo a quien la indignidad está determinada por el consumo, su vida no tiene sentido sin ello. Los valores de éxito son los de las sociedades postindustriales: pertenecer a la nómina de una transnacional, poseer departamentos en zonas gentrificadas estilo minimalista, miedo al futuro y por lo tanto prolongar la juventud consumiendo productos de belleza de marcas globales, sometiéndose a cirugías plástica  explotando la nostalgia Hippie; poco inmersos en situaciones de análisis sociopolítco o económico, las personas de la Generación X son personas creativas para el mercado, aunque ladrones de la creatividad artística donde el sentido creativo lo da la identidad de marca a manera de patrocinio o mecenazgo corporativista.
     Con ilustraciones intertextuales al estilo Roy Lichestein, la novela presenta unas viñetas léxicas que acompañan los relatos de los personajes, también presenta proverbios y definiciones simples que al entrecruzarse con las historias donde ese vacío va teniendo sentido, utiliza un sociolecto propio de los años noventa del Siglo XX de una sociedad postindustrial, que así Coupland logra una producción interdiscursiva acuñando el ethos generacional de fin se siglo.
      Andy, Dag y Claire no quieren acabar sus días llenándose de joyas y perfumes Channel como consecuencia del fin de temporada, así como los ancianos retirados que decidieron vivir el resto de sus días en Palm Spring (un lugar desértico, con desarrollo de vivienda para jubilados). Los X concatenan sus vidas a través de relatos sobre su vida personal o sobre catástrofes nucleares, en su visión del mundo "la paz se confunde con el silencio". El sentimiento de progreso se topa con la realidad del mercado al reconocer que las energías alternativas son progresistas o benefician al medio ambiente, pues resulta que son más baratas y gracias al parque eólico de Palm Spring y quienes se benefician son las clínicas de belleza y de rehabilitación de adicciones. En ese lugar los Generación X ven paisajes "naturales" donde la energía alternativa sustituye a grandes gigantes -como en el Quijote- o paisajes naturales del desierto. Es gracias a la tecnología que la esperanza de una modernidad fallida favorece bajar costos de manutención al que sufre en Hollywood, la tecnología no elimina las brechas entre la pobreza y la riqueza sino entre la diversidad humana. Aparentemente,como se menciona en la novela "no hay esperanza a menos que seas un perro, o un coyote, y andes husmeando por las bolsas de grasa de los vertederos de las clínicas de liposucción".
        Lejos del olor de las fotocopias y los ambientes enfermos de oficina, en un mundo estropeado que se diluye como una película de súper-8 abandonada bajo la lluvia, un mundo oscuro, con un futuro incierto, Andy, Dag y Claire llenan sus vidas de historias o no hay modo de poder vivir, han pasado por el desesperado proceso que lleva al vaciamiento de sentido; para vivir Andy piensa “Sabemos que por eso dejamos nuestras vidas y vinimos al desierto; a contar historias y a hacer que nuestras propias vidas sean historias dignas de contarse” (Couplan, 1991: 27). Un día se preguntan entre ellos “¿a qué te remite el amanecer?” cuál sería el sentido de la vida si no es a partir de “los relatos para ir a dormir”, utilizar las palabras para crear un mundo propio (p.92), sin embargo lo que anhelan son relaciones coyunturales con conciencia posible (una especie de conciencia de clase emergente).
     La vida de los GX es una realidad donde el color no tiene brillo, insistentemente Andy hace alusiones al decolorado panorama: Palm Spring es un desierto, en Palm Spring no hay clima como en la TV (p.30) por eso viven ahí, tienen trabajos que a los ojos de un exitoso corredor de bolsa de Wall Street son para "lúcers", su estética es grunge y tienen su propia versión de la teoría del Caos:

“Dag dice que cada vez que en el planeta alguien usa un clip para sujetar unos papeles, un suavizante para la ropa o ve una reposición de Hee Haw en la tele, alguno de los residentes en el Coachella Valley se embolsa un centavo”

        Vivir en la indiferencia es habitar el abismo; como plantea Bourdieu la indiferencia se convierte en un instrumento crítico: el autor y su narrador (en este caso sus narradores) se sirven de ella para revelar inanidad de los discursos ideológicos en medio de una lengua que estos mismos discursos) los del capitalismo, los del mercado, incluso los de la democracia) han degradado (Araujo y Delgado, 2003: 679).
        La Generación X busca deliberadamente el modo de esconderse; la X es la variable matemática de la incógnita, el deseo de despejar-se se traduce en el deseo de encontrarse a sí mismo aunque descifrar la incógnita plantee que aparentemente se vive en la indiferencia. Añorando con nostalgia un pasado reciente, los relatos de Andy, Dag y Claire no incluyen ilusiones, ni proyectos, ni pasiones definidas simplemente conservan el derecho a no comprar, a no pedir, a no tener expectativas.

La condición de dividir a las personas en generaciones me parece una pedantería intelectual, pertenecer a tal o cual generación depende del sentido de pertenencia que se tenga, de los afectos construídos o de la nostalgia evocada por los conjuros del pasado. Sin embargo el sentido de la Generación X es mucho más profundo de lo que pudiera describir Wikipedia o reporteros de espectáculos de The Rolllings Stone Magazine o Algarabía, como si las personas nacidas en la década de los años setenta del siglo XX, sólo estuviéramos destinadas a reproducir nuestra depresión al estilo Kurt Cobian, esperando el fin del mundo el primero de enero del año 2000 o el próximo 21 de diciembre del 2012; peor aún comprender que el fin de nuestras vidas aún no es y que en un sentido existencialista se está “irremediablemente” vivo (12 años después). No es la indiferencia una característica de la GX, sino que, parafraseando a Rilke son las leyes profundas de la soledad que permiten comprender lo que nos rodea, entonces todo se desprende como si de un cadáver se tratara, aunque se siga en la plenitud de la vida.
      X significa aislarse para comprender el contenido del interior. Desprenderse de los apegos es casi una característica genética de los GX, sin dramas, sin atmósfera, donde las relaciones interpersonales son totalmente voluntarias en un mundo totalmente imaginario, lingüístico, sin fuerza material, reflexivo, autoconsciente del incansable tejer y destejer de todo lo que haya existido, es decir: comprender el mundo antes del fin del mundo con un abrazo sin ambicionar su dominio. 

GENERACIÓN X DE DOUGLAS COUPLAND, Ed. B, biblioteca de bolsillo, Barcelona, 1999 

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