miércoles, 8 de agosto de 2007

personaje 0.1

Hoy un personaje medianamente atormentado me decía -no soy feliz (si fuese suficietemente morbosa escucharía el relato completo). Esperé a que soltara una nueva confesión, que soltara el origen de tan triste comentario.
Desde el autobús de Bilbao a Madrid miraba el atardecer, los campos amarillos de girasoles gigantes, los aerogeneradores pasivos a los caprichos del viento; también me sentía triste, luego me dormí.
Las voces imaginarias guardaron un poco de silencio pero seguían rumiando su mal de espíritu. Al despertar, el cielo repleto de estrellas... he visto muchas estrellas fugaces, y eso (a mis 14) me hacía sentir dichosa, única; hoy sólo veo como las estrellas se van apagando poco a poco al contrastarse con las luces materiales de la ciudad...

domingo, 5 de agosto de 2007

clima

Vaya que le clima de verano me agrada en Madrid... cuando crees que ya lo has perdido todo por le calor: la razón, las ganas de caminar, la concentración , el aire acondicionado, la garganta suave, el buen humor: llueve como si te dieran una especie de muestra gratis (de lo que está pasando en Puebla). Llueve un poco pero paraliza hasta al más acostumbrado a la lluvia; llueve un poco para recuperar la fresca inalación que hace días también había perdido. Desde que me mudé del San Johny a la casa de Gaby no he vuelto a ver los árboles, así que, también había perdido la sombra y el olorcito a mejorana que en la noche salía de alguna elegante casa de Guzmán el Bueno. Me gusta el calor, me gusta la lluvia moderada, me gusta que la gente se pasea con sus perros, me gustan las terrazas y las golosinas de plástico rojo, al fin, a eso vine a España (a pasármela bien). Pero Ferci, te extraño.

lunes, 16 de julio de 2007

G-nesis de los Bartleby

En mi afán de haber creado el hilo negro de la vida y otros hilos más o menos indispensables, quisiera exponer sin más mi sabiduría infinita. El hecho de que yo no escriba es porque inventé a alguien que lo hiciera por mí.
El comienzo de mi prodigiosa vida narrativa fue cuando establecí la categoría más amplia: la división del día y de la noche. En unas vacaciones como cada año, cuando tuve visitas necesité dividir la luz de las tinieblas. A la luz le llamé día y de día descansábamos un poco; a las tinieblas noche, imponiendo algunos consumos mínimos, el 2x1 en bebidas nacionales, hartas combinaciones de luces neón y punchis punchis variado: y así que la tarde aquella y la mañana siguiente, resultó el primer día.
Conforme se fue prolongando la fiesta, en el segundo día fue indispensable separar las aguas. Y quedó hecho así: el cielo para los pachecos mariguanos y todo aquél que guste de consumir estupefacientes y las aguas para lavar las evacuaciones innecesarias de “los mala copa”.
El tercer día, a las aguas reunidas las llamé mares (con playa) de ahí que Cancún sea uno de los lugares que están más allá del bien y del mal en marzo (vi que lo hecho era bueno). Otra clasificación no menos importante devino en la pista de baile y las mesas reservadas: así apareció lo árido o seco. También es cierto que fue necesaria la tierra fértil para la yerba verde.
Luego surgió el sol para el bronceado perfecto. Las estrellas no se crearon más que para indicarnos la hora de reunirnos en la fiesta, y dije: que haya lumbreras en el cielo que distingan el día y la noche, y señalen los tiempos o las estaciones, entonces también inventé el spring break. Los hombres y las mujeres fueron creados para bartender, personal de seguridad y atención cliente. También surgió la división del trabajo.
El día sexto fue necesario para el descanso entonces pensé en reptiles animados, aves, tejones, flamencos, etcétera. La distracción para los trabajadores me llevó a organizar a los grandes peces y a todos los animales que viven y se mueven en las aguas con ello los parques acuáticos, los lugares de retiro y el turismo. Lo único que surgió por generación espontánea fueron escritores. Entonces tuve que inventar el séptimo día y con tranquilidad dejar el oficio.