En mi afán de haber creado el hilo negro de la vida y otros hilos más o menos indispensables, quisiera exponer sin más mi sabiduría infinita. El hecho de que yo no escriba es porque inventé a alguien que lo hiciera por mí.
El comienzo de mi prodigiosa vida narrativa fue cuando establecí la categoría más amplia: la división del día y de la noche. En unas vacaciones como cada año, cuando tuve visitas necesité dividir la luz de las tinieblas. A la luz le llamé día y de día descansábamos un poco; a las tinieblas noche, imponiendo algunos consumos mínimos, el 2x1 en bebidas nacionales, hartas combinaciones de luces neón y punchis punchis variado: y así que la tarde aquella y la mañana siguiente, resultó el primer día.
Conforme se fue prolongando la fiesta, en el segundo día fue indispensable separar las aguas. Y quedó hecho así: el cielo para los pachecos mariguanos y todo aquél que guste de consumir estupefacientes y las aguas para lavar las evacuaciones innecesarias de “los mala copa”.
El tercer día, a las aguas reunidas las llamé mares (con playa) de ahí que Cancún sea uno de los lugares que están más allá del bien y del mal en marzo (vi que lo hecho era bueno). Otra clasificación no menos importante devino en la pista de baile y las mesas reservadas: así apareció lo árido o seco. También es cierto que fue necesaria la tierra fértil para la yerba verde.
Luego surgió el sol para el bronceado perfecto. Las estrellas no se crearon más que para indicarnos la hora de reunirnos en la fiesta, y dije: que haya lumbreras en el cielo que distingan el día y la noche, y señalen los tiempos o las estaciones, entonces también inventé el spring break. Los hombres y las mujeres fueron creados para bartender, personal de seguridad y atención cliente. También surgió la división del trabajo.
El día sexto fue necesario para el descanso entonces pensé en reptiles animados, aves, tejones, flamencos, etcétera. La distracción para los trabajadores me llevó a organizar a los grandes peces y a todos los animales que viven y se mueven en las aguas con ello los parques acuáticos, los lugares de retiro y el turismo. Lo único que surgió por generación espontánea fueron escritores. Entonces tuve que inventar el séptimo día y con tranquilidad dejar el oficio.