Hoy un personaje medianamente atormentado me decía -no soy feliz (si fuese suficietemente morbosa escucharía el relato completo). Esperé a que soltara una nueva confesión, que soltara el origen de tan triste comentario.
Desde el autobús de Bilbao a Madrid miraba el atardecer, los campos amarillos de girasoles gigantes, los aerogeneradores pasivos a los caprichos del viento; también me sentía triste, luego me dormí.
Las voces imaginarias guardaron un poco de silencio pero seguían rumiando su mal de espíritu. Al despertar, el cielo repleto de estrellas... he visto muchas estrellas fugaces, y eso (a mis 14) me hacía sentir dichosa, única; hoy sólo veo como las estrellas se van apagando poco a poco al contrastarse con las luces materiales de la ciudad...
1 comentario:
Se deduce que los años pasan y vemos distinto, que atendemos cosas nuevas y otras las aparcamos y las olvidamos. Pero pasa, solo a veces, que las cosas vuelven. Habrán cambiado de imagen, se presentarán en la forma que uno quiera... pero son las mismas que antaño.
¡Me gusta! ¿Es algo más? ¿Lo será?
Publicar un comentario